miércoles, 18 de agosto de 2010

Fiestas

En estos días llegamos a la apoteósis del jolgorio estival coincidente con las fiestas mayores de vírgenes y santos, debidamente procesionados tras noches ruidosas, toros "al carrer"y dudosos conjuntos musico vocales.
Hay que lamentar que estos necesarios entretenimientos se prolonguen hasta finales de Septiembre o más y hay que agradecer que las normales tormentas puedan aguar algunos decibelios y nos acerquen al siempre moralmente bienvenido Otoño.
También hay que complacerse con beneficios residuales de la crisis en términos de menos presupuestos municipales, lo que viene a significar menos días, menos calles cortadas, menos comas etílicos y menos de todo.
De momento aún sufrimos ese tipo de programas de televisión que nos recuerdan año tras año las tomatinas de rigor y otras celebraciones festivas extrañamente exportables o incomprensiblemente declaradas de interés turístico por algún político miope.
Son las cosas de las costumbres, malas costumbres según escribe Moncho Alpuente con original visión del caso de La Vírgen de la Paloma, fiestas de género chico para los madrileños que no se
van de vacaciones.
Son fiestas que muestran un casticismo imposible en esa obrita de Bretón donde campan chulos castigadores, boticarios que se drogan, proxenetas, menestrales y modistillas.
Por favor...
! que llueva ,que llueva,la Virgen de la Cueva!

jueves, 12 de agosto de 2010

Celebración

LL. que finalmente se equivocó en sus pronósticos futboleros también se alegró de la victoria mundialista, pero con matices que expone de la mano de Sánchez Ferlosio.
A LL. le ha parecido un exceso el gran jolgorio de la celebración. Tiene que ver la opinión con la de Ferlosio, quién afirmaba que la parte desastrosa del Mundial ha sido el desmesurado afán de ganar, lo que sugiere una definición del deporte como actividad que sólo persigue la redundancia de la victoria. También que los héroes hacen aflorar las malas pasiones que mueven las patrias.
El caso es que por la ebullición de ese circo excesivo tantas veces soez se ha podido comprobar que la hiperbólica ostentación no hace si no transformar la celebración en una obscenidad.
A LL. le ha parecido que ciertas escenas, escenarios y escenificaciones han llenado las calles y pantallas de muchos cretinos y que esa autoafirmación colectiva no está lejos de ciertas manifestaciones que llevan el sello de lo totalitario.
Peligroso.

viernes, 25 de junio de 2010

...a la porra!

Con el Mundial de Fútbol algunos tertulianos han querido demostrar su conocimiento futbolístico con nefastos resultados.Es el caso de LL. que está avergonzado por despreciar a los que no saben de fútbol, que son finalmente los menos ignorantes y los que ganan la porra. Será por casualidad, pero en el juego la lógica suele perder.
Está visto que con los grandes eventos los expertos son legión. Entras en una carnicería y es probable que escuches a una señora lamentando los segundos que perdió fulanito en el "pit stop".
Vas a comprar el pan y la hornera está hablando de los 220 por hora del saque de un tenista demoledor. Y así, con todo.
LL. que es muy jugador quiere reivindicarse con los próximos partidos pero si le preguntas si ganara Japón ya no lo tiene claro. Está desconcertado.
Lo que si tiene claro son un par de teorías plausibles. Dice que los equipos de América del Sur llegarán muy lejos porque han viajado de su invierno al invierno africano, mientras los europeos tienen el cuerpo playero.
La otra teoría es más bien una metáfora rotunda. Consiste en observar este deporte como si se tratara de un mercado financiero y ya se sabe como están los países emergentes y como está Europa.Francia e Italia ya están en casa.¿ qué podemos esperar de España con la deuda pública que soportamos?
LL. cree que volverán a casa pronto al igual que alemanes o ingleses.
Y hoy, que España no será" la roja" sino "la azul", quizás tengamos que convenir que cierto presagio electoral juega esta tarde. ¿otra metáfora?

jueves, 10 de junio de 2010

Benidorm


Puntual a la cita del calendario aparecen en la mesa los preparativos de las próximas vacaciones y la elección de los lugares de veraneo. Al instante se puede constatar que algo sucede con esta práctica que, por diversas razones, nos hace fruncir el ceño como si se tratara de la Navidad.
La excepción es S. que como cada año insiste en su su apología de Benidorm, donde pasa unos días cada verano en el apartamento de unos familiares. No los cambiaría por nada del mundo.
Para S. la experiencia es inigualable. Su mujer se marcha al tostadero y él, en la aireada soledad de un piso 14, saca su cuaderno y dibuja su mundo ajeno al mundo, mientras en los fogones crepitan sus sofritos. Sólo se levantará para vigilar la receta y quizás un poco más tarde bajará a remojarse en la tranquila piscina donde bracean unos vascos.
Quizás alguna tarde abandonará el refugio para dar un paseo con la sana intención de saborear los pintxos de la calle de los mismos, donde otros vascos se instalaron para hacer al Levante aún más feliz.
Después de observar el trajín, el bullicio y a los tetrapléjicos escuchará al doblar una esquina el acordeón de los pajaritos y unos metros más la estridencia de un rock duro. Volverá a casa a la hora en la que las luces convierten a" la gran manzana" que tiene a sus pies en un espectáculo que sólo han visto los visitantes de Nueva York. Y más tarde, al otro lado de la terraza, asistirá gratis a los fuegos artificiales de la inclasificable Terra Mítica.
A LL. siempre le fascinan estas vivencias y más aún desde que leyó teorías de sociólogos como Mario Gaviria que han explicado estos fenómenos desde sabios y originales puntos de vista.
Para estos, Benidorm es una ciudad espléndida, un modelo democrático cuya esencia es su totalidad: el sitio igualitario donde tengas la edad que tengas hay un sitio para ti, te guste lo que te guste y a la hora que tu quieras.En Benidorm siempre pasa algo, siempre estas con otros...nunca caminas solo. A no ser que prefieras quedarte a dibujar.

martes, 25 de mayo de 2010

FIN

Hoy se habla de todo aquello que llega a su final de la mano de la crisis, cuyo fin parece lejano.
Más como deseo que como horizonte a todos nos gustaría el fin del ambiente tabernario que se respira y el deprimente clima de ruina moral.
Pero la realidad nos ofrece detalles, ciertos y paradójicos indicios de inminentes cambios de toda naturaleza.Es lógico que alguien apunte el fin de Bono para otros menesteres pues parece que también ha metido la pata. Fin de un presidenciable.
También se comenta el esperado fin de Diaz Ferrán e incluso el fin de los argumentos del partido de la oposición. Se queda sin ellos pues sus homólogos europeos hacen lo mismo que Zapatero. Fin de esa línea de actuación.
Otra cosa curiosa: el salvamento de Grecia era en realidad el salvavidas de Francia y Alemania. Fin de las apariencias.
Con otra consecuencia: estamos pasando obligatoriamente de la moneda única a la política única, a cierto federalismo con mucho futuro. Fin de algunos poderes periféricos.
Quizás suponga también el fin de la consideración de las elecciones europeas como unas elecciones secundarias. Si manda Europa queremos elegir al jefe ¿no?
Y hablando de jefes: el de Mercadona anuncia el lanzamiento de la patata ya pelada. Es la monda.
En fin...
.

viernes, 14 de mayo de 2010

Tirado

Cuenta LL. que hace unos días paseaba por el centro de Las Rozas camino del médico para ver si podía despachar una alergia rinítica que le visita con frecuencia.
Andaba doliente y ensimismado pero no ajeno al desbarajuste urbanístico de la localidad y calibrando si la Iglesia, elevada en su montículo y con algunas trazas interesantes, se debería salvar en caso de incendio.
Al doblar una esquina observó que habíamos tenido un muerto, pues en el centro del pueblo, todavía pueblo en alguna de sus identidades, aparecían esas esquelas que aún se pegan en paredes y comercios para correr la voz analógica del deceso de un vecino.
Nuestro pueblo es así, mantiene herencias de su pasado forjado en corrientes migratorias de Castilla y Extremadura y conserva esa tradición del pasquin.
A LL. le encanta pues suele acercarse para ver si conoce al fallecido y sobre todo para comprobar la edad. Casi nunca conoce al muerto pero siempre agradece que la creciente esperanza de vida se confirme, pues aquí la gente se suele morir a los 90, especialmente las mujeres.
El caso es que que LL. salió de la consulta del Doctor Oñoro con su receta y a la vuelta de la esquina encontró a un palmo de sus narices cartelito y noticia del próximo entierro.
Eso sucedía exactamente en el momento en que LL. se decía a si mismo "estoy muy tirado". La sorpresa para LL. fué leer que el vecino que había pasado a mejor vida se llamaba precisamente Tirado y a través de esa conjunción asombrosa, que parecía extraída de una novela de Vila Matas, tuvo un pequeño e hipocondríaco sobresalto.
Pero no fué nada. La sana costumbre de leer le aclaró que ese fallecimiento había sucedido a los 91 años, así que LL. terminó esbozando una sonrisa y calculando primaveras y cajas de antihistamínicos pendientes.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Más ITV

Después de F. le ha tocado el turno a LL. que también ha pasado su revisión en esos túneles de chapa donde procesionan conductores apabullados.
LL. reitera todo lo dicho por F. y apunta algún detalle nuevo.
Por ejemplo el nivel de educación. En el trayecto de la revisión es posible escuchar una veintena de órdenes: ponga,quite,suba,apague,frene,encienda,etc. Ninguna de esas solicitudes agrias y rutinarias va a compañada de algún" por favor ". ¿Sería mucho pedir un poco de por favor?
Pero para LL. lo delirante del lugar es la profusión de cartelitos a la española, es decir papeles de impresora, ya sucios por el uso y los años, con textos sublimes. Avisos pegados a los cristales y paredes con celo un tanto mugriento.
En la pequeña garita de acceso se pueden leer hasta nueve. Y entre todos ellos destaca especialmente una curiosa solicitud, la que advierte de que debes sacar de su funda de plástico el permiso de circulación.
Aunque no le va a la zaga el cartelito a las puertas de un cúbiculo donde literalmente no cabe nadie, ya en el tramo final del suplicio, que reza algo así como "no entren, esperen a ser llamados".